"Para observar debes dar un paso atrás. Pero ¿cómo puedes hacerlo? No se trata de que lo descuides todo y te sientes a meditar, sojuzgando el cuerpo y la mente hasta convertirlos en algo tan estéril como la tierra y la madera.
Si das un paso atrás comprenderás las máximas y los relatos que antes te parecían incomprensibles. Da un paso atrás y descubre por ti mismo la causa de tu ignorancia"
Del libro "La esencia del Zen", selección, traducción y epílogo de Thomas Cleary.
Me han educado en la misiva del -atrás ni para tomar impulso-, por lo que me supone un esfuerzo extra pararme al borde del camino y girarme a contemplar el trayecto andado.
Soy trabajadora social en un macro-centro social sito en la zona, para entendernos, más marginal de mi ciudad. Atiendo al público 4 días a la semana: escucho historias, situaciones difíciles, llantos, gritos, insultos, risas...una amalgama de emociones complicada de encajar en mi cuerpo.
A eso le sumo que trabajo en la administración pública, lo que se traduce en pocos medios -presupuestos agotados a mitad de año-, poco personal -que cubran una baja es casi una quimera-, volumen de trabajo que excede la saturación, y un nulo reconocimiento de tu labor que te mina poco a poco.
En mi caso, tras un año tensando y destensando un muelle imaginario infinidad de veces, el muelle se ha roto. La semana pasada, por parte de un usuario, sufrí insultos indirectos sobre mi persona y mi trabajo -mucho más dañinos que cualquier "hijo de p..."- que no fui capaz de controlar. Esta situación es habitual en el día a día, y más en estos tiempos de crisis, donde la gente llega a nosotros quemada, y muy, muy frustrada, y sus expectativas no concuerdan muchas veces con los recursos limitados de un Centro Social.
Tras ese episodio de insultos, sufrí un click dentro de mí, rompí a llorar, y aún hoy no he parado. Ayer tuve que marcharme a media mañana de mi trabajo, porque rompía a llorar cada vez que alguien se acercaba a preguntarme como estaba.
En la administración pública para la que trabajo, el cuidado al profesional es practicamente nulo: escasa oferta formativa, cero promoción interna, exigencias de arriba constantes, y el servicio médico, desde hace unos meses, no cuenta con psicólogo.
El autocuidado es fundamental, pero resulta mucho más complicado y lento cuando los factores externos no pueden cambiarse, sino que eres tú el que debes cambiar tu forma de encajarlos.
Esta mañana, el pecho me dolía y volvía a llorar en mi cama, sólo porque me he planteado si me encontraba mejor para ir a trabajar. Era evidente que no. Esta tarde voy al médico.
Ahora, creo que he comprendido, me he parado, y me he girado a contemplar el camino.
He dado un paso atrás, para, mañana, poder seguir adelante.
